El maestro se lavaba en el río sin ningún pudor. La piel morena, curtida, surcada de cicatrices. El aprendiz observaba el ritual de purificación desde la orilla, con una mezcla de temor y reverencia. ¿Cómo un cuerpo tan maltratado podía conservar aquella fuerza y vitalidad?
El maestro se sumergió en el agua helada con los ojos cerrados, como cada mañana. Su discípulo no alcanzaba a entender si tenía alguna connotación religiosa o era simple rutina.No se atrevía a preguntar. Acompañaba al anciano al amanecer y le veía desaparecer durante unos segundos en las aguas cristalinas del manantial. Él también contenía la respiración, hasta que la blanca cabeza emergía de entre las aguas.
Y luego volver, sorteando las piedras del bosque hasta la casa, donde la gente acudía desde lugares lejanos para ser tratados de diferentes males y dolencias.
El maestro vivía solo, pero nunca estaba solo. No únicamente por sus visitas o los diferentes aprendices. Parecía estar en contacto con todo, saberlo todo, ¿cómo iba a experimentar la soledad estando tan unido a la Tierra?
El aprendiz a menudo se preguntaba cómo sería sentir esa calma, esa paz interior. ¿Acaso la lograría él algún día?
- No siempre he sido así - dijo el maestro aquella mañana, interrumpiendo sus meditaciones de vuelta a su refugio
- ¿Maestro?
- El sabio ha de pecar de iluso muchas veces antes de alcanzar su meta. Por qué siempre callas tus dudas?
- No quiero resultar impertinente.
- La impertinencia es la hermana desagradable, aunque soportable, de la curiosidad. No dejes que el temor te frene. ¿Qué te atormenta? Veo relámpagos a través de tu mirada, muchacho.
El aprendiz suspiró, tratando de ordenar sus pensamientos.
- ¿Cómo conseguiste tantas cicatrices?
- Siendo iluso, como ya he dicho. En primer lugar, siendo demasiado confiado, en segundo lugar, siendo demasiado sincero, y en tercer lugar, teniendo demasiado arrojo.
- ¿Cómo es eso?
- Hablando demasiado. Cuando hablas, no escuchas, y si no escuchas Cómo vas a comprender? La naturaleza tiene la costumbre de añadir arrogancia a aquellos que nacen con valor e inteligencia. Así, cuando somos jóvenes, nos creemos defensores de la verdad absoluta, y en su nombre libramos un sinfín de batallas. ¿Te parecen las cicatrices de un sanador?
- No, maestro
- No. Son las cicatrices de un guerrero. Hay quien nace con ese luchador innato dentro, con esa pasión por la acción, por la acción heroica, especialmente. Estas personas, como es mi caso, se meten sin darse cuentas en miles de problemas tratando de demostrar su valía. Como consecuencia, reciben muchas heridas.
- ¿Cómo se convierte el guerrero en sanador?
- Con tiempo. Dicen que el tiempo lo cura todo, pero no es cierto. El tiempo es el maestro absoluto de la vida. No cura, pero enseña a aceptar. Conforme pasan los años te das cuenta de que estás muy lejos de saberlo todo, de que las verdades absolutas no existen y de que hay cicatrices que nunca dejan de doler, y hacen que las cargas pesen más. Entonces llega el momento en el que asumes que tienes que escoger mejor tus batallas, porque simplemente no tienes fuerzas para librar cada una de ellas. Y dejas de luchar por cosas que no son importantes, mientras aprendes a valorar los periodos de calma. Si no vistes siempre de armadura para enfrentarte a todo, tus pasos son más livianos, te cansas menos y aprecias más el camino. Aprendes a esquivar lo nocivo, porque entonces te das cuenta de todo lo que pesa, y ya no quieres más cargas.
- Y ¿no lo echas de menos, maestro; luchar?
- Un guerrero siempre será un guerrero, pero se puede cambiar la forma de luchar. ¿Cuántas vidas salvo ahora, siendo sanador, en comparación? ¿No te parece suficientemente heroico?
- ¿Te arrepientes de tus batallas pasadas?
- Oh, no. Cada cicatriz es una historia, y cada historia forma parte lo que soy. Si no hubiera sangrado lo que he sangrado, no habría escogido el mismo camino. Cada paso que he dado me ha traído hasta aquí. Son los errores los que nos abren las puertas de lo desconocido. Cuantos más errores cometemos, más aprendemos. Un iluso puede convertirse en un gran sabio.
- Como tú.
-Alguien más sabio que yo dijo una vez que quién domina a sus enemigos es poderoso, pero quién se domina a sí mismo es invencible.
- ¿Qué quieres decir?
- Que el guerrero siempre dormirá tras el sabio sanador, sin desaparecer, pero sin despertar excepto en caso de emergencia. Porque así lo elijo. Son nuestras elecciones las que determinan lo que somos, al fin y al cabo, así que, joven aprendiz, la primera pregunta que te planteo es: ¿Quién quieres ser tú?
miércoles, 1 de julio de 2015
miércoles, 3 de junio de 2015
A mi mejor amiga...
Quién tiene un amigo, tiene un tesoro. Así que yo he sido
rica casi toda mi vida.
20 años han pasado ya desde que
llevábamos el pelo a cacerola y la bata a rayas rojas y blancas del uniforme de
infantil. 20 años desde que tú te asustabas de los señores disfrazados de reyes
magos que venían a vernos al salón de actos, mientras yo ponía cara de
aburrimiento y me quedaba pensando en las musarañas.
Crecer juntas no es moco de pavo.
En la infancia, entre campamentos y partidos de baloncesto descubrimos que
juntas éramos más fuertes, que si nos compinchábamos, a pesar de que los chicos
no nos pasaran el balón, podíamos hacer que nuestro equipo ganara un partido, o
que las travesías fueran menos duras, y andar no se nos hacía tan difícil si
íbamos hablando de libros, películas y un largo etc… Y así llegamos a los 13, subimos
nuestro primer 3000 compartiendo la mochila, cada una con sus motivaciones,
pero juntas, y empezaba la época de los chicos, de las llamadas de teléfono
eternas, el mítico “y vas tú…”, de los cotilleos después de entrenar, o
mientras entrenábamos (¿quién dijo que no se puede encestar mientras se habla?)
de carpetas forradas, de amor a Orlando Bloom, entre otros, más libros, más
películas, odio a las matemáticas y sobre todo, de desarrollar esa afinidad y comprensión incipiente a lo
largo de esa absurda adolescencia, entre algunas lágrimas, y sobre todo, muchas
risas, sueños y confidencias.
Empezamos bachiller con la
emoción de ir por fin juntas a clase. A letras, por supuesto. ¿He remarcado ya
el odio acérrimo hacia las matemáticas? Fue el momento de que leyeras mis
historias, de empezar a hacer las míticas sesiones de cine, de quedarnos toda
la noche, bien abastecidas de pañuelos, por nuestra tendencia al drama, de los
viajes de estudios, y sobre todo de esas clases de psicología en las que nos
sentábamos juntas hasta que Nicolás, harto, no separó, pero que nos dieron para
dibujar con fosforito el mapa de Europa en el libro y decidir que íbamos a
hacer Interrail, y cómo. Nadie nos daba mucho crédito, claro, igual que no me
daban mucho crédito cuando dije que me iba a Australia un año, pero ahí
estábamos, obstinadas y convencidas, y dispuestas a dejarnos la piel para
ahorrar lo suficiente para hacer el viaje soñado.
Podía haberse ido todo al traste.
Yo me fui a la otra punta del mundo, tú empezaste la carrera, y podíamos habernos
distanciado. Pero a pesar del cambio horario, hablábamos casi a diario,
separadas por primera vez tanto tiempo desde los 5 años, mandándonos esos
emails eternos con el título plagado de puntos suspensivos en el que buscábamos
el apoyo incondicional a la hora de enfrentarnos a la vida de adultas.
Trabajar, estudiar, salir de
juerga, Interrail, días enteros en la biblioteca, cafés, desayunos, viajes a
Portugal, a la playa, a la montaña, Nocheviejas, amores, desamores, idas y
venidas de amigos, amargura, tristeza, alegrías…Libros, pelis. Pensábamos que a
los 18 ya éramos mayores, pero nada más lejos de la realidad. Sí es cierto que
probablemente ha sido el periodo más intenso de nuestra vida, pero ahora
llegamos al cuarto de siglo, y empezamos a parecer mayores de verdad. Hemos
acabado de estudiar, trabajamos, tú te has mudado, a mí poco me falta, estamos
cansadas casi siempre, ahora quedamos para tomar pinchos y vinos, o al café,
pero poco de fiesta. Hablamos de alquileres, de muebles… Eso sí, hay algo que nunca
cambia: Libros y pelis.
Y ésta es nuestra historia juntas, que después
de 20 años, creo que ya se puede hablar de historia. Leí que según un estudio,
las amistades que se mantienen más de 7 años, durarán para siempre. En fin, no
hacía falta un estudio para confirmarlo, pero está bien eso de tener a la
ciencia de nuestra parte.
Hay personas que vienen, que van,
que aportan algo muy bonito temporalmente, dejan huella y luego desaparecen.
¿Qué es entonces lo que nos da permanencia en la vida de la otra? La respuesta
podría ser libros y pelis, claro, pero aparte de ser bibliófilas y cinéfilas
hay algo más. Algo relacionado con todas las vivencias compartidas, todas las
historias en común, todos los recuerdos… La memoria forma parte de nuestra
identidad como personas, y compartiendo esa memoria en tantísimos aspectos,
todos ellos buenos, nos convierte en amigas indivisibles. Porque sí, son todos
buenos. A pesar de los malos momentos que hemos podido vivir, mi recuerdo de ti
siempre es bueno. Por esa lealtad absoluta que me has demostrado en cada
ocasión. Por tu apoyo incondicional, tu confianza, tu respeto, ese que sigues
mostrándome cada día, tu oído atento, tu capacidad de escucharme sin juzgarme,
pero siempre sincera a la hora de decirme lo que piensas. Nunca, en 20 años,
nos hemos enfadado. A pesar de haber estado en desacuerdo, no hemos llegado
siquiera a discutir. Porque la amistad es eso, al fin y al cabo. Conocer a la
otra persona a la perfección, lo bueno y lo malo, y a pesar de todo, seguir al
pie del cañón, contra viento y marea. Usar palabras ciertas sin hacer daño. O
que no haga falta ni usar las palabras. Partir piernas por ti. Y sobre todo,
intercambiar libros y pelis.
Al fin y al cabo, los pingüinos
eligen a su compañero para toda la vida.
Gracias por estos 20 años. Que
sean muchos más (y lo serán)
Feliz cuarto de siglo pingüina
mía.
(Nótese que me he abstenido de poner fotos anteriores a interrail para preservar nuestra dignidad)
domingo, 31 de mayo de 2015
Panorama político, democracia y otros menesteres.
Llevo días pensando en escribir este artículo, pero con las ideas en ebullición, hasta que no se han amansado un poco, no he sido capaz de ordenarlas medianamente. Y aún así, veremos qué sale de aquí.
Yo soy de izquierdas. Esa es una consideración general e innegable, pero cuando me defino así no quiero decir que sea comunista, anarquista, o siquiera socialista, pues pienso que éstas son denominaciones a unas ideologías definidas hace muchos años que, de alguna forma, han quedado obsoletas. Son ideas que en origen me parecen preciosas, pero como la historia ha demostrado, utópicas. Puede que en sociedades pequeñas funcionen, pero está claro que en las grandes sociedades se nos escapan de la manos.
Aún así, hay, evidentemente, muchas ideas con las que coincido.
¿Qué quiero decir cuando me defino como persona de izquierdas? Pues lo que que quiero decir es, que sobre todas las cosas, me importan las personas. Los derechos humanos, la justicia, la igualdad... Esos motos que se ha ido repitiendo desde la Revolución Francesa con más o menos sinceridad, pero que a mí me resultan reales. Que el dinero es una herramienta que sirve para dignificar la vida de las personas, no una meta que las destruye. Por todo eso, me considero de izquierdas. Pero sobre todo, me considero demócrata.
A veces me enfado y pienso que hay mucho tonto votando, y que así nos va. Pero creo firmemente en esa frase que dice: "no comparto tus ideas, pero moriría por tu derecho a defenderlas." Y es que la solución no es privar de voto a los ignorantes, es privarles precisamente de su ignorancia.
Y esa es una de las principales razones por las que detesto al Partido Popular, por su empeño en fomentar la ignorancia y atentar contra la educación, que es lo que nos hace libres y nos permite crecer como personas. La educación, que tendría que ser algo sagrado, no un instrumento para convertir a futuras generaciones en robots.
Pero no escribo este artículo para hablar del PP, sino del paisaje político en general.
En los pocos años en los que he podido votar, siempre me sentía indecisa. Izquierda Unida, Equo, Chunta Aragonesista en las autonómicas... partidos a los que podía votar por principios pero que no me acababan de convencer. Izquierda Unida, en concreto, me parecía y me parece una sombra de lo que podría ser, un partido poco importante dedicado a intercambiar favores con e PSOE, otro también muy alejado de lo que en origen, y por definición, debería ser.
Uno de los motivos por los que no me meto en política (a nivel de militante) a pesar de lo mucho que me interesa, es porque me considero muy joven todavía, y prefiero observar y aprender desde fuera, con un punto de vista un poco más objetivo del que pueden tener desde dentro. Y lo que he podido observar desde que era una adolescente es la frustración y la desilusión que causaba la política a la sociedad en general. A la gente no le gustaba hablar de política. Hablar de política parecía sinónimo de entrar en conflicto, y daba pereza. La democracia era ir a votar cada cuatro años, si eso, y se acabó.
Y sin embargo, recuerdo la emoción de asistir a la manifestación contra el trasvase del Ebro. Tal vez porque era pequeña e impresionable, pero recuerdo que mi padre me llevaba cogida de la mano para que no me perdiera, y ver la Plaza del Pilar llena de cabezas, y brazos, y bocas que se movían a la vez entonando lo mismo, y me puso los pelos de punta, a pesar de que yo no sabía exactamente lo que era el trasvase a parte de que le querían hacer algo a nuestro Ebro. Todo el mundo salió a gritar que no, y fue un no. Fue la primera noción que tuve de que aquello era democracia, esa sensación de conseguir cosas cuando todos estábamos juntos.
Un año más tarde, ya en la E.S.O, y considerándome muy mayor, recuerdo las manifestaciones contra la Guerra de Irak, pero sobre todo recuerdo los debates en el colegio entre clase y clase, escribiendo "NO A LA GUERRA" en la pizarra, en los cuadernos, ese chute de adrenalina de estar todos de acuerdo en una época en la que todos los recreos peleábamos por cosas de fútbol y otras tonterías de niños de 12 años. Y también vino la primera decepción... Que a pesar de tanto gritar que no, alguien con más fuerza y dinero que nosotros había dicho que sí. Y recuerdo las conversaciones de "Y tus padres ¿a quién van a votar?" y empezar a decirles a nuestros adultos que no votaran al PP, porque Aznar nos había metido en una guerra que nadie quería. Qué simple parece la política cuando eres pequeño. O tal vez es que los adultos nos complicamos mucho.
Acabé bachiller y me fui un año a Australia, y cuando volví, todo el mundo hablaba de crisis, y en el bus de Madrid a Zaragoza se veían innumerables obras paradas, y Zapatero, que había sido casi un héroe durante mi adolescencia, ahora era un demonio. Lo fácil que es hacer cambiar la opinión pública. Y todo en menos de un año que había estado fuera.
ero si hablo de democracia en mi vida, no puedo sino hablar del 15M. Lo que supuso el 15M para mí, para la sociedad española, es un hecho histórico para el que no tenemos todavía perspectiva. Pero estábamos haciendo historia. Eso lo sabíamos. Hubo mucha ilusión, mucha pluralidad, un intercambio extraordinario de ideas... Que se fue desgastando por la carencia de una meta, y en mi opinión, de liderazgo. Pero fue un primer paso, un primer despertar y es que la gente volvió a hablar de política, ya no era un tema tabú, sino algo que nos preocupaba a todos. Alguien dijo en la acampada: "Parece que vamos muy despacio, pero es que la meta está muy lejos". Qué razón tenía, fuera quién fuera.
Y nos situamos en la actualidad, o hace un año, año y pico, con el surgimiento de Podemos. Salí pronto de trabajar para ir al Centro de Historia a ver qué contaba el tal Pablo Iglesias. Éramos tanta gente que tuvimos que quedarnos en la plaza porque no cabíamos dentro. Sonaba todo muy bien, aunque inexacto, y alguien entre el público, de forma crítica e insistente preguntaba: "Pero ¿cómo la vais a hacer?" Cuatro meses más tarde, ese asistente, Pablo Echenique, ganaba un puesto en el Parlamento Europeo, y hoy va a ser diputado, cuanto menos, de las Cortes de Aragón. Y todo por algo que Pablo Iglesias le respondió aquella noche de enero: "No los vamos a hacer, lo vais a hacer vosotros, todos juntos". Nos dijeron, a los del 15M, que en vez de quejarnos, nos presentáramos a unas elecciones... Pues muy bien.
Y es que hay algo que todos los que critican a Podemos lanzando dardos envenenados no entienden todavía, al igual que no entendieron el 15M. en el 15M no éramos cuatro perroflautas, éramos miles y miles de personas distintas tratando de encontrar soluciones a los problemas que teníamos en común. Y Podemos no es Pablo Iglesias, no es Íñigo Errejón, ni siquiera es Pablo Echenique. Podemos es la herramienta que hemos utilizado una gran mayoría de esos que acampábamos para hace eso que nos pidieron, que nos presentáramos a las elecciones, para no volver a ser ninguneados. Podemos es nuestra voz y oídos, es que confiamos que nos devolverá la capacidad de decidir sobre nuestras vidas para recuperar la dignidad arrebatada. Porque igual que sentí cuando era pequeña que la democracia era eso en lo que todos gritábamos al unísono, igual que lo sentí en el 15M con mucha más fuerza, lo siento cuando Podemos gana más y más escaños, lo siento cuando Pablo Iglesias se dirige a una audiencia, pero no en televisión, sino cuando habla cara a cara con la gente; porque emociona, ilusiona, conmueve. Y no señores, eso no se llama populismo, es arte de la retórica y la oratoria, largamente olvidado por los políticos de este país, que ya hacía falta que volviera.
Yo no sé cómo evolucionará Podemos, ni en qué se convertirá- Pero yo he leído su programa íntegramente, y en contra de todos los que dicen que las cosas que proponen no se pueden hacer, yo, que este año estoy estudiando un máster de cooperación y ayuda al desarrollo, puede decir que las medidas son 100% aplicables y recomendables. Así que de momento tienen mi confianza y mi ilusión. Porque me fío de ellos, y me fío de su intención de hacer las cosas bien para la gente y con la gente. ¿Que luego se tuercen? Pus ya lo veremos, pero yo estoy harta del maldito refrán que dice Mejor malo conocido, que bueno por conocer. Mentira, mentira y otra vez mentira. La evolución son cambios, los cambios son necesarios para sobrevivir, lo mires por donde lo mires. Nunca he entendido esta cultura del miedo, aunque es evidente quién sale favorecido de esta creencia popular.
Aunque al parecer, yo soy terrorista. Soy terrorista porque apoyo a Podemos y a las candidaturas de convergencia ciudadana. Soy una terrorista por defender los derechos humanos. Será que tenía yo un mal concepto de la definición, pues yo soy totalmente contraria a la violencia, y mi figura histórica predilecta es Mahatma Gandhi. Tampoco soy partidaria de Venezuela. No sé cómo pueden compararse dos países con realidades, contexto e historia tan distintos. Yo desde luego no estoy muy puesta en Venezuela, así que no voy a entrar a discutir la situación del país, aunque creo que muchos de los que la pintan como el infierno mismo no sabrían decir cuál es su capital o tan sólo situarla en un mapa... La ignorancia de la que hablaba al principio, que lo más peligroso que existe en este mundo. Porque la ignorancia es la que genera el miedo y el odio, eso que ha provocado las grandes catástrofes de la historia de la humanidad.
Así que me opongo a todo tipo de demonizaciones. En el PP, por ejemplo, hay un sector de inútiles (inútiles en el sentido de gobernar, que a lo mejor el señor Rajoy en otros aspectos es brillante), y otro de corruptos. Pero ninguno tiene cuernos.
Tampoco estoy dispuesta a demonizar a los de Ciudadanos, cosa que se ha estado haciendo desde los partidos de izquierdas y con la que no estoy de acuerdo. También es un partido en auge, y aunque no comparta las propuestas que llevan en el programa, eso no significa que sean el mal. No les votaré, y punto. El que no piensen como yo no les convierte en los malos, que creo que ya va siendo hora de dejar esa práctica tan extendida de tirarse las sillas a la cabeza y sentarse a hablar civilizadamente sin faltarse al respeto, cosa que la mayor parte de la población reclama.
Y es que la pluralidad es algo positivo y enriquecedor. Pensar cosas distintas es lo que amplía horizontes y permite el progreso. Creo que las mayorías absolutas, sean de quien sean, son un error, pues no dejan espacio al diálogo y al debate, que es lo que sustenta, o debería sustentar la democracia. Y si un partido tiene representación, por minoritaria que sea, debería ser tomado en cuenta, ya que representa a parte de la población y todos deberíamos estar incluidos en el sistema.
Creo que si las candidaturas de Manuela Carmena, Ada Colau, Pedro Santisteve, Xulio Ferreiro etc... llegan a la alcaldía, es precisamente por esa sensatez, esa predisposición de diálogo abierto, de tener como prioridad las necesidades de la ciudadanía por encima de siglas, que es lo que hace falta, de crear espacios en los que todo el mundo pueda expresarse sin miedo.
Creo así mismo que éste ha sido el gran triunfo de la democracia, ese "juntos lo sacamos adelante", el crecerse ante la adversidad y crear algo nuevo.
Y llevo tiempo diciendo que necesaria una izquierda unida de verdad, porque no quiero llegar a noviembre y tener que elegir entre Pablo Iglesias y Alberto Garzón, otro hombre inteligente al que admiro profundamente (Y al cual ahora en su partido culpan de todo, que estoy a cuadros...), pero no sólo hace falta una izquierda unida, sino una serie de políticos que sean capaces de respetarse y dialogar, y buscar los objetivos que tienen, que tenemos, en común.
Porque no creo que nadie quiera un país pobre, sin recursos, y sin las necesidades básicas cubiertas (ni siquiera el PP, pero ellos tienen otras prioridades).
No estoy hablando de que se unan, ni mucho menos, partidos de ideologías opuestas, pero sí que dejen de boicotearse y sean capaces de escucharse, al menos.
La unión hace la fuerza. Ya basta de ultrajes, el odio sólo destruye, y necesitamos construir.
Que este nuevo brote de pasión e ilusión no caiga en saco roto. Que los partidos de verdad representen la voluntad de la ciudadanía, que hemos mandado un mensaje muy claro y potente en las urnas.
Puede que peque de idealista, pero de verdad creo que es posible darnos la mano y hacer el camino juntos.
Como dice una canción de Macaco:
Somos una marea de gente
todos diferentes,
remando al mismo compás...
miércoles, 25 de febrero de 2015
Los dos tigres.
Los ojos dorados, enfrentados. Un tigre contra otro tigre. Uno enjaulado; el otro libre. Tal vez sean un reflejo, tal vez un desdoble. Dos caras de la misma moneda, que en vez de darse la espalda, casi se besan.
El tigre preso, ansioso entre los barrotes, da vueltas y vueltas.
El tigre libre permanece quieto, a la espera. Contemplando a su alter ego.
Puede que no pueda marcharse sin él, puede que no quiera.
Y así, el tiempo pasa en constante estado de pausa; el verano, el otoño, el invierno, la primavera.
Y ninguno tiene lo que anhela.
¿Cómo quedó encarcelado el tigre? Hay una leyenda.
Dicen que nació entre las rejas, y una noche, en sueños, de tanto mirar más allá de ellas, un pedacito de su alma consiguió atravesarlas, incorpóreo, y se materializó en gemelo de afuera. Con el mundo a sus pies.
Pero siempre volvía a la jaula, de cara a ella. Pues no podía alejarse de su parte presa.
Y ahí sigue, mirando, mientras trata de descubrir la manera de fundir, quebrar, destrozar las injustas cadenas mientras su yo de dentro se consume y se desespera.
¿Cómo acaba todo?
No lo sé, es una leyenda.
Continúan a la espera.
El tigre preso, ansioso entre los barrotes, da vueltas y vueltas.
El tigre libre permanece quieto, a la espera. Contemplando a su alter ego.
Puede que no pueda marcharse sin él, puede que no quiera.
Y así, el tiempo pasa en constante estado de pausa; el verano, el otoño, el invierno, la primavera.
Y ninguno tiene lo que anhela.
¿Cómo quedó encarcelado el tigre? Hay una leyenda.
Dicen que nació entre las rejas, y una noche, en sueños, de tanto mirar más allá de ellas, un pedacito de su alma consiguió atravesarlas, incorpóreo, y se materializó en gemelo de afuera. Con el mundo a sus pies.
Pero siempre volvía a la jaula, de cara a ella. Pues no podía alejarse de su parte presa.
Y ahí sigue, mirando, mientras trata de descubrir la manera de fundir, quebrar, destrozar las injustas cadenas mientras su yo de dentro se consume y se desespera.
¿Cómo acaba todo?
No lo sé, es una leyenda.
Continúan a la espera.
jueves, 5 de febrero de 2015
Mi famosa talla 38.
Que el mundo está enfermo no es ninguna novedad, al menos para aquellos que miren un poco más allá de sus propias narices, pero el grado de estupidez al que se está llegando sólo puede acabar con la extinción del ser humano por un simple motivo de selección natural.
El ser humano es superficial por naturaleza. Al menos de primeras. Es muy bonito decir que la belleza está en el interior, que también, pero lo cierto es que nuestra parte instintiva y animal nos impulsa a buscar ejemplares adecuados para la reproducción y la supervivencia de la especie. Y nuestra mente racional ha ido asociando esa búsqueda a los llamados cánones de belleza. Por ejemplo, en el Renacimiento, todas esas pinturas de mujeres voluptuosas muestran el ideal de belleza de la época. Por una simple razón; en una época en la que más de la mitad de la sociedad pasaba hambre, estar entrada en carnes significaba buena alimentación, dinero y prosperidad.
Y es que la belleza, al fin y al cabo está en el ojo del que mira.
Pero en este siglo en el que las imágenes nos bombardean sin piedad, nuestro instinto de supervivencia ha dejado de indicarnos que la belleza es sinónimo de salud. Y llegó la era de de la escualidez. Modelos que parecen niñas hambrientas, todo piel y huesos, que sufren y promueven enfermedades tan peligrosas como la anorexia o la bulimia. Llegamos al extremo de idiotizarnos tanto como especie que criminalizamos nuestra función básica de alimentación, con sus terribles consecuencias. La era de la información y la comunicación tiene un lado muy oscuro. Todas las adolescentes sufren ese terrible acosos desde las revistas, Internet, carteles publicitarios, televisión en los que mujeres que parecen sacadas de cuadros del Greco miran con desprecio desde detrás de los 5 kilos de maquillaje que las deshumanizan. Una mirada de desprecio que acaba por transportarse a una misma cuando se mira en el espejo por las mañanas. En mayor o menos medida, todas hemos tenido uno de esos días en los que te ves y piensas "estoy gorda". Y nos lo decimos como un insulto. Y nuestra autoestima desciende en picado cuando nos comparamos con esas "diosas" de papel y photoshop.
En algún momento no definido, porque es imposible parar el tiempo en esta sociedad acelerada, alguien empieza a darse cuenta de los perjudicial que es eso. Del daño que se hace a muchas mujeres en los años más cruciales de su vida para definirse como personas. Se empiezan a oír voces de "no es sano, las modelos no pueden matarse de hambre, que ejemplo están dando". Y aunque ese ideal de belleza sigue estando ahí, empieza a crearse la idea contraria.
Y cuando digo la idea contraria, no me refiero a que se ponga por estandarte la salud, que debería ser la conclusión lógica. No.
Lo que está pasando es que gracias al poder de McDonalds y otros restaurantes que venden mierda y que ayudan tanto a promover la obesidad, el número alarmante de personas obesas está empezando a convertirse en algo normal en el primer mundo.
Y entonces surge el fenómeno de la "gordibuena". Ese que reivindica que el idea de belleza debería asentarse sobre unas buenas lorzas. Y aunque todavía es un proceso en desarrollo cada vez leo más artículos, veo más fotos que ensalzan la idea de que tú con tus 90kg y tu 1'70m estás estupenda. Porque tú lo vales. Pero es que no acaba ahí la cosa. Va más allá, con artículos virales que versan sobre "la famosa talla 38", en los que parece que llevar una 38 es sinónimo de sufrir alguna enfermedad alimenticia, y frases del tipo "a los hombres les gustan las mujeres con carnes, los huesos a los perros".
Y ahí ya me enciendo. Y por varios motivos.
Para empezar, que las tallas 38 y 40 son las más vendidas en nuestro país. Yo llevo la talla 38 y jamás me he considerado excesivamente delgada. De hecho según mi último reconocimiento médico, tengo una constitución normal. Normal, que quiere decir saludable. Partiendo de la base de que no existen dos cuerpos iguales, que las tallas no deberían ser patrón de nada porque las formas, la altura, la estructura ósea y la musculatura varían de una persona a otra, me parece una aberración decir cualquier tontería relacionada con esto. Porque si una mujer es una cabeza más alta que yo, probablemente pese más y lleve una talla diferente. Y eso no quiere decir que esté gorda, que esté delgada o que su tía abuela le cosa los jerseys. El colmo es que yo, habiendo sentido complejos de medir más de lo que debería por la rama de la escualidez, ahora me vea atacada por la rama del sobrepeso por estar demasiado delgada. Es, simple y llanamente, ridículo.
Pero lo que más me ofende,y que es la raíz de todo el problema, es la segunda frase: "A los hombres les gustan las mujeres con carnes, los huesos a los perros".
Repito, la belleza está en los ojos de quien mira. Y nuestro gran error es seguir poniendo ese punto de vista en los ojos de los hombres. Respaldando, inconscientemente, la idea machista que sigue sobrevolando de forma callada nuestra sociedad, de que las mujeres no somos más que un objeto, un trozo de carne hecho para que los hombres lo admiren.
Tu peso, tu talla, no deberían definirte como persona. No deberías sentirte mal por pesar más o menos que las chicas del photoshop. Esa es la idea enfermiza. El vendernos como producto para la galería, y que si no cumples el estándar de calidad proporcionado por el patriarcado, no vales ni la mitad.
La tendencia en contra de la imagen de la anorexia no debería ser abogar por la obesidad, sino por la salud de cada una, que al final del día es lo que va a hacer que estés bien o no.
En todo caso, como paso evolutivo para acercarnos más a nuestra racionalidad, deberíamos empezar a luchas contra esa superficialidad basada en la búsqueda de pareja para la reproducción, no movernos dentro de ella de un extremo a otro como un péndulo; lo bello es la delgadez, lo bello es la gordura, lo bello es la delgadez, lo bello es la gordura.
Hoy es el día de la mujer. Que la belleza al mirarnos esté en nuestros propios ojos y no dependa de la visión de nadie más. Que nos importe nuestro bienestar, y nuestra salud. Que dejemos de maltratar nuestros cuerpo viajando de un extremo a otro.
Estar sano contribuye a ser feliz.
jueves, 29 de enero de 2015
Carta de navegación
"La segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer"
¿Empezando por dónde?
Ni mapas, ni manual de instrucciones, tan sólo un mar a la deriva y un lejano horizonte cambiante cual veleta a merced del viento más huracanado. Velas remendadas donte antes hubo agujeros de bala, de palabra, obra u omisión, disparadas por boquillas ignorantes, de rápido efecto y consecución. El sol aletarga y difumina la línea deseada, en medio de esa quietud agobiante plasmada en la gotas de sudor a la espera de un "algo". Viento, tormenta, movimiento desencadenado de forma violenta, que convierte la barca en el ojo del remolino, perdiendo el norte y hasta las ganas de luchar. Y vuelta a la calma. Y otro asalto pirata que promete un tesoro que en vez de oro termina siendo hojalata. Y más remiendo con hilo hecho de besos y lágrimas, de promesas cumplidas, incompletas y otras que siguen a la espera. ¿Dónde estará la isla? ¿Dónde estará la estrella? Quién quisiera una brújula y hacer uso de ella, aun cuando no todas las brújulas apunten al norte. Aun cuando el norte no sea más que otra ilusión evanescente. ¿Qué hay al sur? ¿Y si el viento sopla de poniente? Y cuando no sopla, hay que remar. Remar como si la vida se fuese en ello, porque lo hace. Hasta el último aliento en ese viaje loco que busca un sentido inexistente en la inmensidad del mar. Con alguna canción o soniquete de fondo para amenizar el recorrido a ningún lugar. Sin mapas. Sin manual de instrucciones.
¿Empezando por dónde?
Ni mapas, ni manual de instrucciones, tan sólo un mar a la deriva y un lejano horizonte cambiante cual veleta a merced del viento más huracanado. Velas remendadas donte antes hubo agujeros de bala, de palabra, obra u omisión, disparadas por boquillas ignorantes, de rápido efecto y consecución. El sol aletarga y difumina la línea deseada, en medio de esa quietud agobiante plasmada en la gotas de sudor a la espera de un "algo". Viento, tormenta, movimiento desencadenado de forma violenta, que convierte la barca en el ojo del remolino, perdiendo el norte y hasta las ganas de luchar. Y vuelta a la calma. Y otro asalto pirata que promete un tesoro que en vez de oro termina siendo hojalata. Y más remiendo con hilo hecho de besos y lágrimas, de promesas cumplidas, incompletas y otras que siguen a la espera. ¿Dónde estará la isla? ¿Dónde estará la estrella? Quién quisiera una brújula y hacer uso de ella, aun cuando no todas las brújulas apunten al norte. Aun cuando el norte no sea más que otra ilusión evanescente. ¿Qué hay al sur? ¿Y si el viento sopla de poniente? Y cuando no sopla, hay que remar. Remar como si la vida se fuese en ello, porque lo hace. Hasta el último aliento en ese viaje loco que busca un sentido inexistente en la inmensidad del mar. Con alguna canción o soniquete de fondo para amenizar el recorrido a ningún lugar. Sin mapas. Sin manual de instrucciones.
sábado, 8 de noviembre de 2014
Vocación
Toda esta historia comienza cuando hoy, sábado por la mañana, aburrido y gris, encuentro un canal de fisioterapia en Youtube: "Fisioterapia a tu alcance" se llama. En realidad estaba buscando remedios contra los juanetes, ese síntoma hereditario de edad que persiste en mi familia generación tras generación. es decir, que me hago "vieja".
Y ese síntoma de edad y deterioro físico me ha hecho sumergirme en Internet y encontrar estos vídeos, provocando cual efecto mariposa la siguiente reflexión. Veréis cómo hilo.
Soy profesora. de inglés. ¿Ha sido esa siempre mi vocación? No.
Ahora lo hago porque es lo que sé hacer... y hay veces que hasta dudo de eso. Cuando me planto delante de una clase llena de alumnos más mayores que yo, pensando que mí depende que se saquen un título que les permita acceder a un trabajo mejor, o a un trabajo, a secas, para pagar la hipoteca, la alimentación de sus hijos, etc... Es una gran responsabilidad, y hay días en los que acabo con cierta ansiedad. Sobre todo por el miedo de no estar a la altura, de no ser lo suficiente buena enseñando.
Me encanta enseñar. Eso es verdad. Pero también me encanta cantar y nunca me he planteado dedicarme a ello profesionalmente.
Así pues, a pesar de la pasión que me produce ¿puede llamarse vocación? ¿Soñaba con ser profesora cuando era pequeña? Lo cierto es que no. Además, creo que si disfruto tanto enseñando es porque al mismo tiempo estoy aprendiendo. Ensayo y error. Me ha encantado mi carrera, pero lo cierto es que nunca nos han enseñado a enseñar. Y es que al fin y al cabo eso es algo que sólo puede aprenderse con la práctica.
Yo de pequeña quería ser veterinaria. Porque en aquella época me gustaban más los animales que las personas, pero conforme fui creciendo también me interesé por la medicina. Nunca me lo planteé como una opción a tener en cuenta porque desde los 8 años he sido muy consciente de que la madre naturaleza da una de cal y otra de arena, y que me había dotado de una notable inteligencia verbal en contraste con la nula habilidad en matemáticas, física o química.
Y uno tiene que saber cuales son sus propias limitaciones y virtudes, y potenciar éstas últimas. Así que tras ciertas ensoñaciones artísticas durante la adolescencia (teatro y fotografía), me hice filóloga. Porque a mí, por si aún no os habíais dado cuenta, lo que me gusta es escribir. Fusionar lenguaje y arte.
Pero ¿es esa toda mi vocación? ¿Qué ha pasado con la niña que quiso ser veterinaria y que daba masajes con muy buena voluntad todo el que le dijese que le dolía algo? Esa niña es la que me empujó a viajar a África. La que hace que ahora, mientras trabajo como profesora, esté estudiando un máster de Cooperación Internacional y Ayuda al Desarrollo, con todas sus cosas de economía y presupuestos que a veces me dan ganas de llorar. Pero me aguanto, sabiendo que necesito adquirir esos conocimientos para ser capaz de desarrollar proyectos que me permitan mejorar la vida de la gente, en Camerún o donde sea.
¿Cuál es mi vocación, entonces? Pues por lo visto, dedicarme a algo que me permita aliviar el sufrimiento ajeno. Ser profesora encaja, ya que la educación es la base del progreso, pero no he descartado todavía la sanación. Ni lo descartaré. ya que hay algo dentro de mí que me empuja a ello. Y he dicho sanación, y no sanidad, porque voy a decantarme por un postgrado de Medicina Natural. Y lo cierto es que cualquiera que haya convivido conmigo un mínimo de tiempo puede decir que tengo un don para los masajes. Una especie de intuición respecto al cuerpo humano, porque nadie me ha enseñado.
Tengo 24 años, trabajo de una cosa, estudio otra y me planteo otra aún más diferente. Y esto me hace acordarme de otro vídeo que vi, de LuzuVlogs, en el que hablaba de la crisis de los veintitantos, de esa ansiedad de tomar decisiones, de decantarte por lo que se supone que tienes que ser y hacer el resto de tu vida. Y lo cierto es que esa crisis existe. En mi caso, por ejemplo, necesité salir del país una temporada para poder ver con perspectiva el cambio entre la vida universitaria y la vida de joven adulta hacia la que tenía que dar el paso. En estas ocasiones viene bien coger aire y pararse para reflexionar.
Me tuve que ir a Irlanda para darme cuenta de que quería volver, de que no me daba tanto miedo. Algunos consideran que he fracasado. Que he tirado la toalla, y que eso no es propio de mí. Puede ser, aunque no sé si es posible fracasar careciendo de una meta. Y de todas formas ¿quién dice que el camino es fijo y que las decisiones que uno toma son irrevocables? Tuve que irme para ser consciente de que quería estar aquí, y por el camino escribí un libro, vi lugares preciosos y conocí a gente maravillosa- ¿Es eso un fracaso?
La vida da muchas vueltas, mareando cualquier plan, y hay que aprender a vivir improvisando. Mi sitio ahora está aquí. No sé durante cuanto tiempo, pero hay que saber elegir el momento exacto, y ese momento es ahora.
Y nunca hay que olvidar que no hay nada como un viaje en solitario para tener una conversación sincera con uno mismo. Hola yo, ¿qué quieres hacer ahora?
Lo cierto es que desde pequeños se nos pregunta que qué queremos ser de mayores. Que está muy bien, si cuando respondieras; "veterinaria, granjera, pintora, escritora y jugadora de baloncesto", no te dijeran; "Pero todo eso no puedes ser". Siempre el eterno NO PUEDES.
Ahora en las entrevistas de trabajo se ha puesto muy de moda plantearle al entrevistado "¿Cómo te definirías?"
Definir. definir es la acción por la cual delimitamos la realidad mediante palabras para poder comprenderla. ¿De verdad alguien es capaz de definirse a sí mismo en tres palabras? Porque para mí es imposible. Soy demasiado compleja, cambiante, profunda y simple al mismo tiempo, abstracta... Y puntos suspensivos, porque como he dicho, no puedo definirme.
Y tampoco quiero. No voy a ser yo la que limite mi propia experiencia de ser, de vivir.
Porque ¿sabéis qué? Las palabras se las lleva el viento, y como filóloga puedo decir que aun así, pueden pesar más que cadenas sólidas.
Con cada cosa que intente hacer, me dirán "NO PUEDES".
Cuando pregunté por qué, me responderán "porque no se puede, nadie lo hace".
Y luego pensarán una vez más que estoy loca.
Pero los locos, amigos míos, son aquellos que se atreven a arriesgar, a ir un poco más allá persiguiendo sus sueños, en vez de renunciar a ellos, y así generan el movimiento para que cambie el mundo.
Yo quiero ser parte de ese cambio. Desafío al mundo y me uno a los locos, a soplarle al "NO PUEDES" y al "DEFINETE" hasta que el huracán los saque de mi vida para siempre.
Se el cambio que quieres ver en el mundo. Si quieres puedes.
A palabras impuestas, oídos sordos.
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