Horas. Ese es el tiempo que podría contemplar abstraída cómo tus dedos se deslizan ligeros y suaves sobre las teclas del piano.
Creo que nunca he vivido nada más hermoso que verte tocar.
Todo es perfecto. Tu silueta, grabada a contraluz en mis pupilas. La música, simplemente maravillosa. Tu serena concentración. Lo enternecedor que me resultas.
No importa que vayas en pijama, despeinado, o que tus gafas hayan resbalado hasta la punta de tu nariz.
Te vuelcas en la melodía, y es tu esencia la que produce ese sonido hipnótico.
Tu esencia, esa que tanto amo, queda expuesta al mundo material, y por unos breves instantes creo que podría atrapar el sentimiento que despiertas en mí en una palabra. ¿Amor? No, esa ya está demasiado vulgarizada.
Es algo más profundo.
Algo que conmueve cada ápice de mi persona, que me eriza la piel, y que hace que me entren ganas de llorar; no por tristeza, sino por la consciencia de la belleza que encierra la escena.
Y te vuelves hacia mí, con esa sonrisa tímida que me desarma, y que parece decir; "esto es todo lo que puedo hacer."
Y esperas, que, tal vez, yo aplauda. No te das cuenta de que me has dejado completamente hechizada, y que me cuesta reaccionar.
Y entonces me haces un gesto, y me pides que toque junto a tí.
Eso me aterra, a la vez que me maravilla, pues yo, que nunca he tocado el piano, temo romper ese aura mágica que has creado con mi torpeza.
Pero tu aguantas, estoico, mis desatinos. Me enseñas, repites una y otra vez, con esa paciencia de anciano que posees en ese cuerpo joven, de la que yo carezco completamente, y que me hace quererte aún más.
Lentamente va saliendo. Tú haces el acompañamiento y me dejas la melodía principal, en un acto de confianza.
Sale, finalmente, y noto algo cálido en el pecho, despuñes de ese segundo silencioso que sigue a la nota final, cuando nuestras miradas se encuentran, y los dos pensamos: "lo hemos conseguido".
Y después el beso.
Es uno de tantos momentos en los que soy realmente consicente de cuánto te quiero, y te necesito.
Eres lo mejor que hay en mí.
http://www.youtube.com/watch?v=ZOqUFqF_ZwM
martes, 9 de febrero de 2010
lunes, 18 de enero de 2010
Corazas
Parece que el adjetivo calificativo "sensible" tenga un tinte negativo. Un matiz implícito que lo rlaciona con la palabra "debilidad". Si le dices a alguien que es sensible, es bastante posible que se ofenda. Yo me incluyo.
Sin embargo, ayer me paré a pensarlo. ¿Qué significa sensibilidad? No sé cómo lo definirá el diccionario, yo diría que es aquella cualidad que nos hace sentir, percibir sensaciones, y, a consecuencia de ello, expresarlas.
¿No sería pues un símbolo de humanidad? ¿No debaría implicar empatía, capacidad de emoción... en vez de debilidad? ¿Dónde está escrito que la dureza y la frialdad sean cualidades positivas?
El sur humano es el único animal capaz de llorar. El cocodrilo no cuenta. ¿No será pues el llanto una manera maravillosa de demostrar que algo se a conmovido en nuestra alma? Es cierto que aquello que produce lágrimas suele ser la tristez, el dolor, la rabia... Pero creo recordar que existen las lágrimas de felicidad.
El mundo de piedra en el que vivimos nos ha inculcado que hay que tragarse esas lágrimas. Que los hombres no lloran, y por tanto, las mujeres con un mínimo de orgullo, tampoco.
No me extraña que haya tantos asesinos, tantos locos, tantos maltratadores, espíritus pétreos, inamovibles, que han perdido todo rastro de humanidad.
Aquello que no se exteoriza, explota, y nos destruye por dentro.
Llorar ayuda a sacar lentamente el sufrimiento, y sirve de bálsamo calmante. Conlleva el equilibrio emocional. Una persona que ha perdido la capacidad de llorar es un caso preocupante.
Yo lloro. Lloro al menos una vez a la semana, según algunos. Pudo llorar por rabia, por frustración, por tristeza, por melancolía, por dolor. Lloro, y el momentáneo sufrimiento se alivia, y puedo volver a razonar. Llorar no me hace infeliz. Me ayuda a valorar mi felicidad. Puedo llorar una mez a la semana, pero me río bastantes veces al día. Por no decir que me paso el día riendo. Creo que es un buen porcentaje.
Lloro y río porque siento, y al sentir estoy viva.
No tengo que pedir perdón por ello. No me avergüenzo, ni me da miedo reconocerlo. Soy sensible, y soy valiente, porque no me da miedo sentir.
Puede que el valor esté reservado a las personas que todavía admiten que tienen corazón. esas son las realmente fuertes.
Sin embargo, ayer me paré a pensarlo. ¿Qué significa sensibilidad? No sé cómo lo definirá el diccionario, yo diría que es aquella cualidad que nos hace sentir, percibir sensaciones, y, a consecuencia de ello, expresarlas.
¿No sería pues un símbolo de humanidad? ¿No debaría implicar empatía, capacidad de emoción... en vez de debilidad? ¿Dónde está escrito que la dureza y la frialdad sean cualidades positivas?
El sur humano es el único animal capaz de llorar. El cocodrilo no cuenta. ¿No será pues el llanto una manera maravillosa de demostrar que algo se a conmovido en nuestra alma? Es cierto que aquello que produce lágrimas suele ser la tristez, el dolor, la rabia... Pero creo recordar que existen las lágrimas de felicidad.
El mundo de piedra en el que vivimos nos ha inculcado que hay que tragarse esas lágrimas. Que los hombres no lloran, y por tanto, las mujeres con un mínimo de orgullo, tampoco.
No me extraña que haya tantos asesinos, tantos locos, tantos maltratadores, espíritus pétreos, inamovibles, que han perdido todo rastro de humanidad.
Aquello que no se exteoriza, explota, y nos destruye por dentro.
Llorar ayuda a sacar lentamente el sufrimiento, y sirve de bálsamo calmante. Conlleva el equilibrio emocional. Una persona que ha perdido la capacidad de llorar es un caso preocupante.
Yo lloro. Lloro al menos una vez a la semana, según algunos. Pudo llorar por rabia, por frustración, por tristeza, por melancolía, por dolor. Lloro, y el momentáneo sufrimiento se alivia, y puedo volver a razonar. Llorar no me hace infeliz. Me ayuda a valorar mi felicidad. Puedo llorar una mez a la semana, pero me río bastantes veces al día. Por no decir que me paso el día riendo. Creo que es un buen porcentaje.
Lloro y río porque siento, y al sentir estoy viva.
No tengo que pedir perdón por ello. No me avergüenzo, ni me da miedo reconocerlo. Soy sensible, y soy valiente, porque no me da miedo sentir.
Puede que el valor esté reservado a las personas que todavía admiten que tienen corazón. esas son las realmente fuertes.
jueves, 7 de enero de 2010
Vender poesía
La poesía no se debería vender, y sin embargo la vendo.
Como persona nadie me puede comprar, como escritora tengo precio.
El afán de gloria, de fama, de inmortalidad, es mi condena, y acepto esta pena con lo que me queda de dignidad.
Cambio un verso por una moneda, o eso pienso, pues todavía no he escrito nada que pueda interesar a un comprador.
Pero, ¿merece algo la pena si su valor es metálico? ¿Cuándo surgió la pasión inspirada por el tintineo del bolsillo? ¿Acaso no languidecían los bohemios hambrientos en cuartuchos oscuros de París?
Los árboles desnudos de mi calle parecen desarmados bajo la luz mortecina de este día gris. Podrían ser hermosas estatuas de madera cubiertas por una grágil capa de nieve, delicada; tanto que puede esfumarse con un soplo. Pero pienso en vender la belleza y ésta desaparece.
No puedo vender poesía. La poesía no se vende. Tan solo se regala. Se entrega a sí misma desinteresadamente. Pero no es una esclava. Va y viene, deleita nuestras mentes humanas, y se marcha cual musa caprichosa cuando quiere, abandonándonos en nuestra fría soledad.
Arde y enciende, pero no quema. Conmueve y transporta. Fluye estando quieta.
Vuela, alma, vuela.
Vuelve, musa, vuelve.
Regalo poesía a quien la quiera.
Como persona nadie me puede comprar, como escritora tengo precio.
El afán de gloria, de fama, de inmortalidad, es mi condena, y acepto esta pena con lo que me queda de dignidad.
Cambio un verso por una moneda, o eso pienso, pues todavía no he escrito nada que pueda interesar a un comprador.
Pero, ¿merece algo la pena si su valor es metálico? ¿Cuándo surgió la pasión inspirada por el tintineo del bolsillo? ¿Acaso no languidecían los bohemios hambrientos en cuartuchos oscuros de París?
Los árboles desnudos de mi calle parecen desarmados bajo la luz mortecina de este día gris. Podrían ser hermosas estatuas de madera cubiertas por una grágil capa de nieve, delicada; tanto que puede esfumarse con un soplo. Pero pienso en vender la belleza y ésta desaparece.
No puedo vender poesía. La poesía no se vende. Tan solo se regala. Se entrega a sí misma desinteresadamente. Pero no es una esclava. Va y viene, deleita nuestras mentes humanas, y se marcha cual musa caprichosa cuando quiere, abandonándonos en nuestra fría soledad.
Arde y enciende, pero no quema. Conmueve y transporta. Fluye estando quieta.
Vuela, alma, vuela.
Vuelve, musa, vuelve.
Regalo poesía a quien la quiera.
lunes, 28 de diciembre de 2009
Dulce locura.
Puede que esté loca, porque hablo contigo cuando no estás. Acumulo todas las cosas que te quiero decir en mi mente, y allí, en lo más recóndito, te las cuento. No importa que no me escuches... o puede que sí lo hagas.
Puede que esté loca, pues no ha sido un largo periodo de tiempo, y al fin y al cabo son mi cabeza y mi percepción las que me juegan malas pasadas, pues soy consciente de que estás más lejos, y soy consciente de que no me puedo comunicar contigo.
Duermo lo más que puedo para que los días sean más cortos, y cuando despierto, hago mil cosas para manetenerme ocupada, pero por más que me esfuerzo en aislarte de mi pensamiento, es imposible... es un eco profundo arraigado en el subconsicente: Que llegue ya, que llegue ya.
Incomprensiblemente te he echado de menos. Puede que no haya tenido tiempo para hacerlo, pero empezó desde el momento en el que abandonaste las sábanas la mañana siguiente a Navidad.
Puede que esté loca, pero sólo quiero suplicarte... quédate a mi lado.
Te quiero.
Puede que esté loca, pues no ha sido un largo periodo de tiempo, y al fin y al cabo son mi cabeza y mi percepción las que me juegan malas pasadas, pues soy consciente de que estás más lejos, y soy consciente de que no me puedo comunicar contigo.
Duermo lo más que puedo para que los días sean más cortos, y cuando despierto, hago mil cosas para manetenerme ocupada, pero por más que me esfuerzo en aislarte de mi pensamiento, es imposible... es un eco profundo arraigado en el subconsicente: Que llegue ya, que llegue ya.
Incomprensiblemente te he echado de menos. Puede que no haya tenido tiempo para hacerlo, pero empezó desde el momento en el que abandonaste las sábanas la mañana siguiente a Navidad.
Puede que esté loca, pero sólo quiero suplicarte... quédate a mi lado.
Te quiero.
lunes, 21 de diciembre de 2009
Te quiero.
Te quiero. Te quiero. te quiero.
Es esa certeza a que hace que todo valga la pena. Arriesgué, y gané.
Oh, sí. Me tocó el premio gordo.
Releí algo que escribí hace unos meses: Historia de dos.
La volvía a leer y me di cuenta de que lo has cumplido todo, absolutamente todo. Has hecho que mis sueños se hagan realidad.
Y por eso te quiero. Por quererme. Por hacerte querer.
Puede resultar repetitivo, aburrido, rutinario, soporífero, ordinario....
Pero te quiero. Te quiero. Te quiero.
Y es que no hago mas que pensar en ello. Puedo tener la cabeza en mil cosas, estar agobiada, estresada, cansada o de mal humor, pero siempre estás tú, grabado en mi subconsciente, haciendo que esboce involuntarias sonrisas, y capaz de levantar a mi alrededor una burbuja de felicidad que me protege de todo mal.
Te quiero, te quiero, te quiero.
¿Por qué?
Puede ser porque te esfuerzas en hacerme feliz.
Puede ser porque eres mi mejor amigo.
Puede ser porque me conoces y me aceptas.
Puede ser porque contigo hago el amor.
Puede ser porque me encanta cada adjetivo que describe a tu persona.
Puede ser porque seas el único que me deja sin palabras, e incluso sin respiración.
Puede ser porque me impulsas a mejorar como persona.
Puede ser porque mi primera prioridad sea hacerte feliz.
Puede ser porque no me importa llorar sobre tu hombro.
Puede ser porque me gusta sentirme protegida entre tus brazos.
Puede ser por la suavidad y la dulzura apasionada con la que me tocas.
Puede ser porque pierdo la cabeza cuando tu boca roza mi boca.
¿Por qué te quiero? No lo sé.
Sólo sé que te quiero. Te quiero. Te quiero.
Es esa certeza a que hace que todo valga la pena. Arriesgué, y gané.
Oh, sí. Me tocó el premio gordo.
Releí algo que escribí hace unos meses: Historia de dos.
La volvía a leer y me di cuenta de que lo has cumplido todo, absolutamente todo. Has hecho que mis sueños se hagan realidad.
Y por eso te quiero. Por quererme. Por hacerte querer.
Puede resultar repetitivo, aburrido, rutinario, soporífero, ordinario....
Pero te quiero. Te quiero. Te quiero.
Y es que no hago mas que pensar en ello. Puedo tener la cabeza en mil cosas, estar agobiada, estresada, cansada o de mal humor, pero siempre estás tú, grabado en mi subconsciente, haciendo que esboce involuntarias sonrisas, y capaz de levantar a mi alrededor una burbuja de felicidad que me protege de todo mal.
Te quiero, te quiero, te quiero.
¿Por qué?
Puede ser porque te esfuerzas en hacerme feliz.
Puede ser porque eres mi mejor amigo.
Puede ser porque me conoces y me aceptas.
Puede ser porque contigo hago el amor.
Puede ser porque me encanta cada adjetivo que describe a tu persona.
Puede ser porque seas el único que me deja sin palabras, e incluso sin respiración.
Puede ser porque me impulsas a mejorar como persona.
Puede ser porque mi primera prioridad sea hacerte feliz.
Puede ser porque no me importa llorar sobre tu hombro.
Puede ser porque me gusta sentirme protegida entre tus brazos.
Puede ser por la suavidad y la dulzura apasionada con la que me tocas.
Puede ser porque pierdo la cabeza cuando tu boca roza mi boca.
¿Por qué te quiero? No lo sé.
Sólo sé que te quiero. Te quiero. Te quiero.
martes, 24 de noviembre de 2009
Miedo.
El miedo. Sentimiento de desconfiaza propio de los seres animados ante lo desconocido.
El miedo nos hace ser personas, al igual que tantas otras cosas. Es rasgo de humanidad. El valor es rasgo de heroísmo, de superación, de fortaleza. Rasgo de que somos capaces de algo más grande que nuestros temores.
¿Qué se puede decir de una persona que tiene miedo del miedo?
Por la propia definición, se podría llegar a la conlusión de que esa persona teme, precisamente el sentirse desconfiada respecto a algo que desconoce.
Le asusta no tener el conocimiento, no encontrar respuestas, que sólo aparezcan nuevas dudas cada vez que pregunta.
¿Y si la respuesta a esas preguntas no es mas que la ausencia de dichas cuestiones?
¿Puede llegar alguien cuya curiosidad es innata renunciar al placer de saber, de investigar, para alcanzar la paz interior? ¿O seguirá, por el contrario, buscando las claves que se escapan de su control?
Otro de los rasgos más típicos de la humanidad es confiar en que algo más grande que ellos es guardián custodio de todos los misterios. En creer, pues, de alguna manera, consciente o inconscientemente que el destino existe, pues todo está escrito en algún lugar. Las respuestas esperan a ser encontradas en cualquier sitio.
Uno de los casos más claro es la fe.
La gente se libra de su miedo a la muerte, ese gran enigma; creyendo en un ente superior, llámesele Dios, Alá, Yavhé etc... confiando en que esas personalidades que se escapan de la comprensión humana impedirán que todo acabe.
Parece que de alguna forma, todos creemos en la inmortalidad.
Siempre me he negado a creer en el destino. He rechazado por completo la idea de que en realidad mi libertad es ficticia, y que mis decisiones habían sido tomadas antes de que yo me hubiera decidido a ello.
Ahora me da igual. Me da igual que esté predestinada o no. Ya no tengo miedo. No tengo miedo a lo desconocido, a perder mi libertad.
Me he confiado a algo más grande e incomprensible, algo que no necesito cuestionar.
O tal vez es que ya he encontrado la respuesta a todas mis preguntas.
AMAR.
He nacido para amarte. Vivo para amarte. Y te amaré hasta la eternidad.
El miedo nos hace ser personas, al igual que tantas otras cosas. Es rasgo de humanidad. El valor es rasgo de heroísmo, de superación, de fortaleza. Rasgo de que somos capaces de algo más grande que nuestros temores.
¿Qué se puede decir de una persona que tiene miedo del miedo?
Por la propia definición, se podría llegar a la conlusión de que esa persona teme, precisamente el sentirse desconfiada respecto a algo que desconoce.
Le asusta no tener el conocimiento, no encontrar respuestas, que sólo aparezcan nuevas dudas cada vez que pregunta.
¿Y si la respuesta a esas preguntas no es mas que la ausencia de dichas cuestiones?
¿Puede llegar alguien cuya curiosidad es innata renunciar al placer de saber, de investigar, para alcanzar la paz interior? ¿O seguirá, por el contrario, buscando las claves que se escapan de su control?
Otro de los rasgos más típicos de la humanidad es confiar en que algo más grande que ellos es guardián custodio de todos los misterios. En creer, pues, de alguna manera, consciente o inconscientemente que el destino existe, pues todo está escrito en algún lugar. Las respuestas esperan a ser encontradas en cualquier sitio.
Uno de los casos más claro es la fe.
La gente se libra de su miedo a la muerte, ese gran enigma; creyendo en un ente superior, llámesele Dios, Alá, Yavhé etc... confiando en que esas personalidades que se escapan de la comprensión humana impedirán que todo acabe.
Parece que de alguna forma, todos creemos en la inmortalidad.
Siempre me he negado a creer en el destino. He rechazado por completo la idea de que en realidad mi libertad es ficticia, y que mis decisiones habían sido tomadas antes de que yo me hubiera decidido a ello.
Ahora me da igual. Me da igual que esté predestinada o no. Ya no tengo miedo. No tengo miedo a lo desconocido, a perder mi libertad.
Me he confiado a algo más grande e incomprensible, algo que no necesito cuestionar.
O tal vez es que ya he encontrado la respuesta a todas mis preguntas.
AMAR.
He nacido para amarte. Vivo para amarte. Y te amaré hasta la eternidad.
lunes, 9 de noviembre de 2009
Gritos de desesperación.
No entiendo el miedo a lo desconocido. Ese que es tan característico de la estupidez humana. ¿Más vale malo conocido que bueno por conocer? Por favor. Nunca he entendido porqué hay gente que se empeña en no ver más allá de sus narices.
No sé porqué les gusta vivir alienados, balando complacidos al son que dirige un pastor invisible. Beeeeeeeeeee, beeeeeeeeeeee. La lana del vecino es igual que la mía. Chupi.
¿Qué pasa con la curiosidad? Es ese don maravilloso que define a nuestra especie; que nos impulsa a investigar, a querer saber, a realizarnos como personas... ¿Es que ya no importa?
No, por favor. Yo tengo el felquillo igual que la que se sienta delante de mí. Eso me hace feliz.
Basura.
¿Dónde están los ideales de la juventud? ¿Qué ha sido de las ganas de comerse el mundo, de ser invencibles, de hacer que nuestras vidas sean especiales?
¡Despertad!
No ahoguéis vuestras ridículas aspiraciones en el alcohol barato del bar al que váis todas las noches de sábado.
Dejad de soñar con que llegue el momento de pisar ese antro asqueroso, dónde el suelo está pegajoso por sustancias de lo más variadas e innombrables, y la "música" es un ruido que atonta.
¿Nadie ha oído hablar de las cataratas de Iguazú? ¿De Machu-Pichu? ¿De Abus Simbel? ¿Del London-Eye? ¿de la Torre Eiffel? ¿Del Empire-State?
¿Nadie ha querido escapar de esa monótona cárcel que es vuestra rutina; esa misma que destroza vuestra humanidad?
¿Nadie ha soñado nunca con ganar un Premio Nobel, un Pulitzer, un Oscar, un Grammy? ¿Con hacer algo grande? ¿Con cambiar el mundo?
Existe un universo enorme ahí fuera, lleno de maravillas, misterios, enigmas y experiencias.
Puede parecer soberbio y ególatra considerar que mis aspiraciones están por encima de las de los demás, pero es que nosotros somos el futuro.
¿Qué futuro le espera a este mundo si hemos perdido la capacidad de soñar? ¿Si hemos perdido la curiosidad, y, en definitiva, nuestra esencia?
El mundo se convertirá en un gran antro en el que vomitar después de haber bebido tanto para olvidar nuestra frustración y pateticidad.
Pues no, no en mi nombre.
Yo soy de esas extrañas personas que gustan de un atardecer, del olor de una rosa, de la luz de la luna, de una hermosa melodía, del sabor de la poesía.
Pienso pisar cada pequeña porción del planeta, conocer personas de mil y una culturas, cantar canciones olvidadas, retratar rostros sin nombre, y escribir mis memorias para que quede constancia de que yo he vivido.
Yo voy a vivir.
Quiero cambiar el mundo, y luchar por ideales perdidos, y alzar estandartes por causas justas, y no rendirme aun cuando todos hayan caído.
Quiero ser una heroína, una leyenda, una estrella en el firmamento, que mi nombre no caiga en el olvido... y ser inmortal.
Amor, pasión, amistad, justicia, honor, libertad, saber, viajar...
¿Es tan difícil entender su significado?
Seguid soñando con vuestras noches de sábado.
No sé porqué les gusta vivir alienados, balando complacidos al son que dirige un pastor invisible. Beeeeeeeeeee, beeeeeeeeeeee. La lana del vecino es igual que la mía. Chupi.
¿Qué pasa con la curiosidad? Es ese don maravilloso que define a nuestra especie; que nos impulsa a investigar, a querer saber, a realizarnos como personas... ¿Es que ya no importa?
No, por favor. Yo tengo el felquillo igual que la que se sienta delante de mí. Eso me hace feliz.
Basura.
¿Dónde están los ideales de la juventud? ¿Qué ha sido de las ganas de comerse el mundo, de ser invencibles, de hacer que nuestras vidas sean especiales?
¡Despertad!
No ahoguéis vuestras ridículas aspiraciones en el alcohol barato del bar al que váis todas las noches de sábado.
Dejad de soñar con que llegue el momento de pisar ese antro asqueroso, dónde el suelo está pegajoso por sustancias de lo más variadas e innombrables, y la "música" es un ruido que atonta.
¿Nadie ha oído hablar de las cataratas de Iguazú? ¿De Machu-Pichu? ¿De Abus Simbel? ¿Del London-Eye? ¿de la Torre Eiffel? ¿Del Empire-State?
¿Nadie ha querido escapar de esa monótona cárcel que es vuestra rutina; esa misma que destroza vuestra humanidad?
¿Nadie ha soñado nunca con ganar un Premio Nobel, un Pulitzer, un Oscar, un Grammy? ¿Con hacer algo grande? ¿Con cambiar el mundo?
Existe un universo enorme ahí fuera, lleno de maravillas, misterios, enigmas y experiencias.
Puede parecer soberbio y ególatra considerar que mis aspiraciones están por encima de las de los demás, pero es que nosotros somos el futuro.
¿Qué futuro le espera a este mundo si hemos perdido la capacidad de soñar? ¿Si hemos perdido la curiosidad, y, en definitiva, nuestra esencia?
El mundo se convertirá en un gran antro en el que vomitar después de haber bebido tanto para olvidar nuestra frustración y pateticidad.
Pues no, no en mi nombre.
Yo soy de esas extrañas personas que gustan de un atardecer, del olor de una rosa, de la luz de la luna, de una hermosa melodía, del sabor de la poesía.
Pienso pisar cada pequeña porción del planeta, conocer personas de mil y una culturas, cantar canciones olvidadas, retratar rostros sin nombre, y escribir mis memorias para que quede constancia de que yo he vivido.
Yo voy a vivir.
Quiero cambiar el mundo, y luchar por ideales perdidos, y alzar estandartes por causas justas, y no rendirme aun cuando todos hayan caído.
Quiero ser una heroína, una leyenda, una estrella en el firmamento, que mi nombre no caiga en el olvido... y ser inmortal.
Amor, pasión, amistad, justicia, honor, libertad, saber, viajar...
¿Es tan difícil entender su significado?
Seguid soñando con vuestras noches de sábado.
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